Viernes, 14 Febrero, 2020

Gestión de proyectos con metodologías ágiles: Kanban y Scrum

En muchas ocasiones se intenta desarrollar productos rompedores, pero con métodos de gestión de proyectos “de toda la vida”. Cada nuevo desarrollo se enfrenta a dos tipos de riesgos: de mercado ("¿Estamos haciendo el producto que la gente necesita?") y tecnológicos ("¿Sabremos hacerlo?"). Los enfoques ágiles ayudan a despejar estas incertidumbres desde el primer momento, planteando los proyectos bajo unos principios diferentes a la gestión tradicional.

Tal y como explica Teresa Oliver, fundadora de Skok especializada en metodologías ágiles, "lo ágil se basa en principios y hay que trabajar por darle valor al cliente cuanto antes". Los enfoques ágiles permiten hacer pruebas y decidir con datos, así como minimizar los periodos de discusión basados en especulaciones. Otra característica es la transparencia, ya que el objetivo es que todos los miembros de un equipo o proyecto estén implicados con la misma información y contexto. "Si todo el mundo conoce el estado del proyecto evitamos que haya malos entendidos", apunta Oliver. 

Entre los principios básicos de los enfoques ágiles también se encuentra la autoorganización de los equipos: "los equipos ágiles son planos, no jerárquicos -explica la CEO de Skok-. Nadie dice a nadie qué hacer ni cuándo tiene que estar una tarea. Todos saben qué hay que conseguir como equipo, así que desaparece la figura de jefe de proyecto".

Scrum y Kanban, dos formas de cumplir con enfoques ágiles

Scrum:

La primera vez que se habló de Scrum fue en el año 95, pero el concepto no aterrizó en España hasta el año 2008. "La metodología Scrum se aplica porque sabemos que vamos a fallar. El objetivo es no descubrir que nos estamos equivocando en algo al final. Es mejor tener tropezones controlados", indica Oliver. De este modo, se tienen más oportunidades para redirigir el proyecto. Se trata de un proceso empírico, mediante el cual tras planificar se puede ver qué está bien y qué cambiar. 

Oliver propone dividir el proceso entre lo que está 'pendiente', 'en proceso' y 'terminado', y emplear los post-its para colocar las tareas. Los equipos pueden tener una breve reunión diaria para ver cómo evolucionan las tareas: "en esa reunión se pueden realizar peticiones de ayuda, exponer conflictos... o se pueden detectar bloqueos", indica la fundadora de Skok. La finalidad es obtener un feedback constante y no tener sorpresas al final

Kanban:

Esta metodología data del año 2004, y significa "tarjeta" en japonés. Persigue que haya un flujo continuo de tareas y su filosofía se basa en que "lo más importante es dejar de empezar y empezar a terminar", explica Oliver. Al utilizar Kanban los equipos tienen una visualización clara de cuál es todo el trabajo que está en curso y en qué estado se encuentra cada parte (solicitud, negociación, OK, KO...). "Hay que ayudar a llegar al OK y desatascar tareas. A más cosas abiertas más se ralentiza la entrega, y solo si queda algún hueco se puede empezar algo nuevo", recalca Teresa Oliver. 

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